Tiempo que sobra.
Pero por sobretodo, tiempo que me falta.
A ratos, mal repartido.
Intento extenderlo, acortarlo.
No lo logro. Se me escapa.
A ratos, mal repartido.
Intento extenderlo, acortarlo.
No lo logro. Se me escapa.
Estoy buscando excusas para mantener el contacto.
Eso me dijiste.
Yo no he sentido la necesidad de armar excusas hasta ahora.
No he sentido que las necesite.
Siento que a veces es así de obvio.
No me esfuerzo en esconderlo porque no tiene sentido.
Soy abierta y a veces alarmantemente honesta porque no tiene sentido no serlo.
Pero no es arbitrario.
No es que no vaya a extrañar a esta gente. Es que no necesito esconderlo.
Eso me dijiste.
Yo no he sentido la necesidad de armar excusas hasta ahora.
No he sentido que las necesite.
Siento que a veces es así de obvio.
No me esfuerzo en esconderlo porque no tiene sentido.
Soy abierta y a veces alarmantemente honesta porque no tiene sentido no serlo.
Pero no es arbitrario.
No es que no vaya a extrañar a esta gente. Es que no necesito esconderlo.
No es una infinidad de gente, pero sí es infinito lo que les quiero decir.
Quiero meterlos en mi bolsillo y acarrearlos a donde voy.
Pienso en cómo voy a hacer para hacer de nuevo esto allá, juntar gente que encuentre algo rescatable en mí y decida intercambiar pedazos de sí conmigo, integrarme a sus vidas.
No es la primera vez que lo hago, pero no sé si aún tenga la destreza de venderme bien.
A veces tan valiente y a veces tan cobarde. Me toca lanzarme de nuevo sin saber qué hay al fondo.
Aguantar el aire y lanzarme de cabeza.
Quiero meterlos en mi bolsillo y acarrearlos a donde voy.
Pienso en cómo voy a hacer para hacer de nuevo esto allá, juntar gente que encuentre algo rescatable en mí y decida intercambiar pedazos de sí conmigo, integrarme a sus vidas.
No es la primera vez que lo hago, pero no sé si aún tenga la destreza de venderme bien.
A veces tan valiente y a veces tan cobarde. Me toca lanzarme de nuevo sin saber qué hay al fondo.
Aguantar el aire y lanzarme de cabeza.
A veces me siento eterna y otras, superflua e intrascendental.
Siento que tengo vida infinita en cómo me ven ellos, cómo me recuerdan ellos, qué admiran de mí, qué recuerdan y adoran de mí; etérea, mientras en mí no hay ni la más mínima sospecha.
Otras, siento que no causo impacto alguno, que floto irrelevante por las vidas de todos como un satélite sin nombre propio, adornando el camino, pero sin participar realmente.
Me genera conflicto a veces.
Porque me repito constantemente que no me debería importar lo que piensen. Porque se supone que estar presente es entregar de forma ciega y desinteresada. Y muchas veces -si no es la mayoría-, es un trato no recíproco. Porque son mínimas las veces que he sentido el mismo entendimiento que entrego dirigido hacia mí. No porque no haya intención de darlo, sino porque habitualmente no es en la forma en la que lo necesito.
Pero me pesa pensar que no fui auténtica. Por eso intento serlo todos los días.
Incluso si eso me convierte en alguien difícil de querer.
¿Es realmente así? No lo tengo claro.
Quisiera pensar que no. Quisiera pensar que no es un esfuerzo.
Qué tiempo que no sentía esta necesidad de escribir como lo hacía antes.
Ordenar todo a lápiz y papel y desenredar lo que no me deja dormir.
Intentar encontrar el sentido conversando conmigo misma y decidir cómo es que me siento.
Varios, varios años.
Qué años que han sido.
Qué años que se vienen.
Qué recuerdos. Longevos. Eternos.
No me dejen olvidar.
Qué años que se vienen.
Qué recuerdos. Longevos. Eternos.
No me dejen olvidar.
